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[Reseña] Adam Young Scores

Hay cosas que se hacen esperar, al igual que esta “reseña”. Pues he tenido que esperar pacientemente durante 12 meses para poder escribir...


Hay cosas que se hacen esperar, al igual que esta “reseña”. Pues he tenido que esperar pacientemente durante 12 meses para poder escribirla. Un año entero, que ha sido al mismo tiempo el año “sabático” y para crear libremente de Adam Young, líder, creador y genio absoluto de Owl City.

Y es que el bueno de Adam se plantó en 2016 con el propósito de publicar lo que el denomina los “Adam Young Scores”, un total de 12 álbums que periódicamente ha añadido mes a mes en su web habilitada para ello y para la descarga gratuita de los mismos (todo un detallazo). Él mismo declaró necesitar un año para inspirarse y volver a crear libremente, un poco alejado de esa vorágine que es la industria de la música. Un monstruo que últimamente tanto le ha influenciado demasiado en su proyecto principal, para alegría de algunos y desgracia de otros.
Este tiempo le ha servido además para empezar a trabajar en el nuevo material de Owl City que presumiblemente se lanzará en este año 2017 que ya casi llega y al que le seguirá un nuevo tour mundial (cruzo dedos).
Pero hablemos de Adam Young Scores; Este trabajo es realmente especial para mí por varias razones, y por eso esta va a ser una reseña diferente y tremendamente subjetiva. Es complicado para mí analizar estos discos como tradicionalmente hablo de un disco, así que la forma de afrontarlos tendrá que ser de una manera mucho más sensitiva.

No esperes encontrar en este trabajo del de Minnesotta el mismo sonido de Owl City. Puede que Adam Young Scores le hayan servido para volver al estudio y seguir un proceso creativo bastante personal e instrospectivo que recuerda a sus orígenes cuando componía y creaba en el sótano de su propia casa durante largas noches… pero el resultado esta vez es diferente: totalmente instrumental, sin rastro de voz y en ocasiones con demasiada ausencia de electrónica.
Es otra cosa totalmente diferente como no podía ser de otra manera, pues Adam lleva tiempo demostrando ser una especie de hombre del renacimiento pero en la época moderna. Interesado por diferentes disciplinas que tienen el objetivo común de comunicar. Que tomen nota más de uno, porque en pleno siglo XXI así deberían ser todos los creativos sobre faz del planeta tierra: abiertos a cualquier tipo de forma de expresión y ansiosos por experimentar y arriesgarse.

Lo cierto es que el planteamiento de estos discos ya me sedujo desde un principio, y es que Adam y yo compartimos muchas cosas (Hey Rick, si me lees), y una de ellas es la fascinación e incluso obsesión por diferentes hitos o sucesos que han marcado la historia: La hazaña del Apolo 11 y la conquista de la luna por Armstrong y Aldrin, el hundimiento del Titanic, el vuelo del Spirit of St Louis de lado a lado del atlántico, la conquista del Everest por Edmund Hillary, el desembarco de Normandía, el accidente del Vuelo 571 en los Andes (¿Quien no ha visto ¡Viven! ?), el Excelsior (Que inspiró al reciente Felix Baumgartner and company)… son solo algunas de las proezas de los modernos exploradores.

El caso es que cada uno de estos discos está inspirado en uno de estos sucesos y cada nombre de canción muy íntimamente relacionada con su sonido y lo que le evoca al artista.
Así pues el primero de los publicados, Apollo 11 en Enero, es un verdadero viaje saliendo de la tierra en el Lanzamiento, viviendo la soledad y el silencio en medio de la nada, aterrizando en la luna y poniendo un pie sobre ella mientras sabes que todo el mundo está mirándote para por último volver a tu planeta con la reentrada del módulo del Apolo 11. Y no os voy a negar que el menda ha escuchado este disco al mismo tiempo que veía imágenes de la época y resulta realmente emocionante, ayuda a verse inmerso en este trabajo y a sentirlo de verdad, con todo lo épico que tuvo que ser para la humanidad (Es una de esas partes de la historia a las que me gustaría viajar cuando inventen la máquina del tiempo). Ya se sabe: un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad.



El segundo disco es el del Titanic. Otro de mis favoritos en cuanto a sonido y que nuevamente nos invita a embarcanos en Southampton en el majestuoso RMS Titanic, a conocer al capitán y a otros pasajeros y a vivir el momento de choque contra el Iceberg, donde los sonidos se vuelven mucho más oscuros, dramáticos y desesperados… pero al mismo tiempo bellos.

The Spirit of St Louis es el tercero y realmente tiene muy buenos temas desde el despegue. Suena a emoción, a aventura a ganas de vivir y esos son los mejores valores que un tema podría transmitir en este caótico año 2016. Destacaría especialmente las pistas “Takeoff”, “Stars Appear” y el aterrizaje “Wheels Down”, épico donde los haya. Pero además de ser épico hay en ese tema ciertos sonidos que nos llevan a Owl City y eso a veces provoca un escalofrío.



Este es un trabajo lleno de sensaciones que no significará nada para muchas personas y que posiblemente solo aquellos que somos seguidores de Owl City seamos capaz de escuchar, digerir, valorar y emocionarnos con ello. Es un trabajo algo complicado de comprender y más viniendo de un artista que en los últimos años ha mutado de una forma evidente y se ha acercado demasiado a la radiofórmula. Pero son estos sonidos los que le reconcilian con lo que fue y posiblemente con lo que sigue siendo cuando hacer música es un ejercicio de expresión y no de necesidad.

Podría citar algún que otro tema salteado como “The Pilot” en el disco “Project Excelsior” o “On the Ground”, con una preciosa guitarra que nos da la bienvenida a la tierra. Contrasta totalmente con los temas que encontramos en “Voyager 1” que suenan más electrónicos y por convención de fuera de nuestro planeta.
En definitiva, los Adam Young Scores son una serie de discos complicados de clasificar y catalogar, pero hay algo seguro: el alma de Adam Young los impregna a todos ellos de una manera más que evidente. De hecho la propia temática de los discos: el ser humano, la tierra, la relación de ambos, la exploración del universo, el descubrir y apreciar pequeñas o grandes cosas y asombrarse con todas y cada una de ellas… es el espíritu que siempre ha rodeado el universo Owl City.

Ninguno de estos discos será considerado el disco del año, evidentemente, ni siquiera yo los consideraré como tal. Pero pese a ello, la atmósfera y ecosistema que crean son suficientes para haberse hecho especiales para mí y servido como banda sonora en muchos momentos de este año 2016. Esos momentos cuando uno simplemente quiere tumbarse boca arriba mirando al techo y no pensar en nada más, cuando quieres que la música bloquee otros pensamientos o cuando sales a caminar sólo bajo la lluvia sin otro propósito que ver la vida pasar. El ser humano también necesita música para reencontrarse consigo mismo.

Relaccionado

Reseña 6025023580587016225
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